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Elecciones decisivas en Turquía | La Confederación Intersindical acudirá a Turquía, el 14 de mayo, de cara a desarrollar una política de observación y verificación del proceso electoral.

La Confederación Intersindical (CI) ha decidido aceptar la invitación del HDP para acudir a Turquía el próximo 14 de mayo de cara a desarrollar una política de observación y verificación del proceso electoral. Una nueva candidatura (Nueva Izquierda Verde, YSP) se presenta a las elecciones legislativas. Observar el desarrollo del proceso electoral, denunciar posibles intimidaciones o adulteraciones de resultados será nuestra misión.

El próximo domingo, 14 de mayo, se celebrarán unas elecciones en Turquía que se presentan como decisivas ya que, de su resultado dependerá la posibilidad de desplazar del poder a Tayip Erdogan, quien viene gobernando durante los últimos veinte años, en medio de una deriva autoritaria. En este tiempo se ha consumado una reforma constitucional que ha permitido una concentración del poder en sus manos al asumir el poder legislativo y presidencial de la república. Además, habría que añadir un proceso creciente de islamización de la sociedad al desmantelar algunos de los elementos laicos que caracterizaban a Turquía desde la proclamación de la república hace ahora un siglo.

En los últimos años, el gobierno de Erdogán se ha caracterizado por su populismo, con un discurso antieuropeo que no le ha impedido seguir siendo un aventajado alumno de la OTAN. Turquía sigue contando con el segundo ejército más importante de la Alianza Atlántica detrás del norteamericano. Las relaciones exteriores siguen siendo tensas con todos los países vecinos por diferentes motivos: hostilidad tradicional con Grecia y Armenia, países de tradición cultural cristiana, especialmente con este último debido a la herida no cerrada del genocidio de 1915, que Turquía sigue sin reconocer. Pero tampoco son buenas las relaciones con Siria e Irak, países limítrofes, de tradición musulmana con los que mantiene tensas relaciones motivadas fundamentalmente por la presencia en ambos de una significativa población kurda que viene desarrollando propuestas políticas propias (Gobierno Regional en Irak y experiencia revolucionaria de Rojava, en Siria) que Turquía considera como una amenaza para sus propios intereses políticos (negativa a reconocer derechos culturales y políticos a su población kurda).  A todo esto, habría que añadir que Turquía mantiene el control de territorios invadidos ilegalmente en el norte de Chipre y la región de Afrin en Siria.

En lo referente a la política interior, su partido, el AKP, mantiene una alianza con el ultraderechista y nacionalista MHP, enfrentada tanto a los sectores kemalistas laicos (jacobinos centralistas turcos) como a las fuerzas de izquierda, entre las que las organizaciones kurdas juegan un papel fundamental. En el plano económico, el espejismo de un desarrollo económico que permitiera a Turquía situarse entre las potencias emergentes se evaporó con el estallido de la burbuja financiera del año 2013, que abrió una crisis económica que se prolonga hasta hoy. Un par de datos sirven para reflejar el impacto de esta crisis: la inflación se sitúa actualmente en torno a un 50%, habiendo alcanzado hasta el 85% el pasado mes de octubre lo que ha llevado a una espectacular depreciación de la lira turca.

El ejercicio del poder por parte de Erdogan es claramente autoritario y antidemocrático siendo el activismo de los diferentes movimientos sociales uno de sus objetivos principales: mujeres, jóvenes, lgtbi y sindicatos. Pero quien más padece esta práctica represiva es el movimiento kurdo.  Por un lado, continúa la situación de enfrentamiento armado con el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), negando la posibilidad de cualquier vía de negociación que pueda conducir a una solución política del conflicto.  Por otra parte, justificándose con el argumento de luchar contra la amenaza terrorista, Erdogan mantiene una política represiva sistemática contra el conjunto del movimiento nacionalista kurdo al que acusa de connivencia con el PKK.

Desde que se restablecieron las precarias libertades democráticas en los años ochenta del pasado siglo tras el golpe de estado militar, el movimiento nacionalista kurdo se ha convertido en un actor político protagonista en la vida política de Turquía pese al continuado hostigamiento estatal. Desde el éxito electoral del HEP en 1990, la presencia kurda en el Parlamento ha sido constante y creciente, sorteando la represión sistemática. En cada contienda electoral el movimiento kurdo se ha tenido que presentar con nombre diferente debido a la política de ilegalizaciones: HEP, DEP, OZDEP, HADEP, DEHAP, DTP y HDP. Ni siquiera la imposición de una norma tan antidemocrática como la implantación de la barrera del 10% para poder acceder al Parlamento, han impedido una creciente representación. Algo parecido se podría decir con la prensa kurda y democrática, objeto de atentados contra sus sedes e ilegalizaciones (Ozgur Ulke, Ozgur Gundem, Demokrasi, por citar algunas cabeceras).

Las elecciones que se celebran este mes se han convertido en una posibilidad real para expulsar del poder a Erdogan. Para ello, se han generado amplias alianzas que tienen como objetivo principal evitar su perpetuación en el poder. Para las presidenciales, la izquierda turca y kurda han optado por no presentar candidatura propia y apoyar la del CHP, tradicional partido laico y centralista que se ha comprometido a buscar una solución en el marco parlamentario a las demandas del pueblo kurdo.

En lo referente a las legislativas, el gobierno de Erdogan ha procedido en los últimos meses a la ilegalización del HDP (Partido Democrático del Pueblo), incautación de sus bienes al tiempo que mantiene en la cárcel a su líder Salahatin Demirtas, haciendo caso omiso a las peticiones y denuncias procedentes de las instituciones judiciales europeas que reclaman su libertad.  Los efectos terribles del último terremoto que asoló zonas de poblamiento kurdo, fundamentalmente, así como la imposición de un nuevo estado de excepción tras el seísmo no son buenas noticias de cara a la celebración de unas elecciones limpias.

Tampoco ha servido de mucho ganar las elecciones para los ayuntamientos.  A pesar del triunfo aplastante obtenido por el HDP en importantes localidades kurdas como Amed/ Diyarbakir, el gobierno de Erdogan ha desconocido este hecho, deponiendo a las autoridades, legítimamente elegidas, sustituyéndolas por Gestoras dominadas por su propio partido, el AKP.  La misma suerte han corrido un total de 60 municipios, mayoritariamente grandes ciudades.

Por todas estas razones, la Confederación Intersindical (CI) ha decidido aceptar la invitación del HDP para acudir a Turquía el próximo 14 de mayo de cara a desarrollar una política de observación y verificación del proceso electoral. Una nueva candidatura (Nueva Izquierda Verde, YSP) se presenta a las elecciones legislativas. Observar el desarrollo del proceso electoral, denunciar posibles intimidaciones o adulteraciones de resultados será nuestra misión. Fieles a nuestro compromiso con las fuerzas progresistas y democráticas de Turquía y nuestras relaciones de hermanamiento con el movimiento kurdo, creemos que esta misión que nos solicitan es un deber que nos corresponde cumplir. Pero más allá de eso, apoyar al movimiento kurdo en un momento como el actual es una forma de reforzar a la única opción política que difunde una perspectiva democrática, laica y feminista en un contexto regional en el que predominan las fuerzas reaccionarias, autoritarias y los integrismos religiosos.

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